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Hábitos que cultivan la pobreza en la mujer.

Written by on diciembre 3, 2021

Te comparto con absoluta sinceridad lo que he aprendido de los hábitos que cultivan la pobreza.

Vivo en un país donde el Estado nunca ha creado un plan para pagarnos a las amas de casa que trabajamos 24/7 en el hogar, hacemos trabajos adicionales para sostenernos a nosotras mismas con el tiempo que nos queda porque libremente decidimos ser mamás y cuidar de nuestros hijos como el trabajo más importante.

Sin salario, sin horarios de descanso, sin seguro social, vacaciones, eventos de premiación y reconocimiento… nada. Y no es queja, solo planteo el escenario real de una mujer que decide quedarse trabajando en casa para cuidar de sus hijos y el hogar en El Salvador. 

Fue un enorme aprendizaje quedarme en casa porque gestionar la creación de ingresos y criar hijos nos enseña un mundo distinto. Aprendemos a desarrollar habilidades que no teníamos, a cultivar valores, a muchas cosas que nos cambian como personas y si disfrutamos el proceso se vuelven recuerdos inolvidables y muchas victorias personales ganadas. 

Adiós caminos en línea recta.

Mis inicios en la vida de adulta, madre joven y casada no fueron sencillos. Pasé de empleada con 11 años de experiencia ama de casa, o sea, desempleada y luego emprendedora.

Pasé vendiendo, un poco de todo para sostener gastos familiares. Lo hacía porque deseaba tener flexibilidad de tiempo para ver crecer a mis hijos y ser la influencia directa en su crianza y formación como seres humanos. Haber decidido quedarme una parte del tiempo en la casa me hizo un hueco en mi curriculum que se volvió poco atractivo a los reclutadores laborales. En esa época no había trabajos freelance como ahora, y muchísimas cosas no habían cambiado aún. Por eso ser emprendedora o auto empleada se volvió mi mejor opción.

Me enojé conmigo misma por mucho tiempo, me costaba tener energía para todas las tareas de la casa y luego generar ingresos con lo que me quedaba de tiempo. Por dentro me sentía castigada de vivir en un sistema que no reconoce el trabajo del hogar como trabajo remunerado.

Me aferraba a la inmensa dicha de  ser mamá, pero sabía que yo no experimentaba satisfacción profesional, estaba trabajando y afanándome en ser responsable con mi familia, pero no me sentía realizada con mi lado profesional. Había trabajado desde los 14 años con salario remunerado y me sentía castigada y esclavizada.

Me tomó tiempo sentir gratitud con la vida que estaba viviendo, sin conformarme, pero sabiendo agradecer los esfuerzos realizados.

Con mi esposo cerramos tarjetas de crédito, aprendimos a medir gastos innecesarios o caprichos. 

Aprendimos en el matrimonio a tomar una nueva identidad de padres y esposos. Ahora, en cada tiempo de comida me siento inmensamente agradecida por ver alimento en la mesa, por que haya luz en la casa… Pequeñas cosas que en toda mi vida vi naturales, pero que mi mamá sostenía con inmenso esfuerzo y entrega total. 

Los hábitos de una mujer pobre.

¿Te has sentido alguna vez que las obligaciones y las situaciones te sobrepasan? Para mí esa era mi constante. Entonces vivía con una nube gris sobre mi cabeza. A pesar de que hablaba todo el tiempo con Dios, no me sentía escuchada en lo más mínimo. Pero traté de no perder la fe. 

Me hice preguntas teñidas de rabia con la vida. ¿Acaso no tienes nada más para ofrecer que has llegado a esto?, ¿En qué estabas pensando cuando ….?, «No es suficiente Jennifer», preguntas acusatorias y afirmaciones negativas.

Salía a la calle a vender casas, hice trabajos de estilista a domicilio, monté un salón de belleza, hice tantas cosas. He tenido la inmensa bendición de contar con mi mamá, ella siempre me ha apoyado. Nunca me ha dicho que estoy loca con mis ideas y ella me prestó dinero para montar el salón de belleza, como siempre le digo, «tendré que nacer muchas vidas para regresarte lo que has hecho por mi». 

Me pintaba una máscara de alegría y gratitud que no sentía natural, pero no quería esparcir una mala vibra. Dar lástima no me parece la forma más inteligente de salir adelante. Y así pasaron más de 10 años. Hasta que hice un alto y me di cuenta de que no quería seguir viviendo así. Y comencé a desaprender y reaprender. Hoy veo en retrospectiva y saqué conclusiones que hoy te comparto las actitudes y pensamientos que me mantenían pobre desde mi interior hacia mi mundo exterior.

  1. El autocastigo.  ¿Qué es lo primero que salta a mi mente cuando algo sale mal?, ¿Tiendo a culparme por el resultado?, ¿Tiendo a pensar que los factores externos no tienen nada que ver con lo que pasó?, ¿Crees que el 100% de lo que pasa es tu y solo tu responsabilidad?
  2. Otros que están bien, tienen más suerte que yo.  No hay humanos que no hayan sufrido, todos sufren algo. Así que solo porque otros no te lloran sus desgracias no quiere decir que su vida sea fácil. Tenlo en cuenta para superar el victimismo, a mi me tocó hacerlo y me ayudó.
  3. Todo es mi culpa. No es lo mismo asumir la responsabilidad de las decisiones que hundirnos en la culpa. Una es desde la óptica de que puedo cambiar las cosas y la otra es de que soy víctima de las circunstancias. 
  4. Yo lo puedo todo, el viejo patrón de la santa, mártir y perfecta.  Deja ir el ejemplo legendario de las mujeres que no tenían alternativa para planificar una familia, que no tenían educación para elegir un trabajo remunerado, que no tenían una pareja que les apoyara en nada, eso ya pasó y no tiene por qué volver a suceder, menos a ti. Así que puedes crear un equipo en tu hogar. Al fin y al cabo  son familia, no son tus amos, ni señores.
  5. Perder el tiempo.  Si enfocas tu energía en cumplir con tus tareas de forma diligente puedes crecer y lograr más. No tienes 24 horas, solo tienes unas cuantas para hacer lo que debes y lo que deseas. Por eso lleva una agenda y crea un plan con fechas límite. 
  6. Deja de robar.  Puedo sentirme tranquila de que si una vez pedí prestado siempre, siempre, siempre lo he pagado íntegramente. Parece demás lo que acabo de decir, pero con pedir prestado y nunca regresar lo que otra persona con esfuerzo se ganó es una forma ingrata de robar y de mal agradecer a quien te ayuda. El que roba miente y si dijiste «te lo devuelvo» honra tu palabra. Dejé de prestarle a las personas que nunca agradecen un favor, no estamos obligados a financiar los errores ajenos. 
  7. Honra tu palabra. No cumplir con los plazos de entrega, no llegar a tiempo, no dar lo que debes dar… todas esas formas desordenadas de no cumplir muestran nada más el poco compromiso que tienes contigo misma. Eso demuestra lo mucho o poco que te valoras. Si conoces a una persona que admires mucho por lo que ha logrado hacer en la vida te darás cuenta que son personas que valoran sus palabras, que cumplen sus promesas, aprendieron a valorarse.
  8. Nunca serás perfecta. Dale un vistazo a los contenidos dedicados a las mujeres. No tenemos permiso de envejecer, engordar, de descansar, de llorar, de enojarnos… de hacer el mejor esfuerzo y aún así no queden bien las cosas…. aceptemos que no somos, ni seremos y lo mejor de  todo, ni se te ocurra desear ser perfecta. Invierte tu tiempo en cultivarte para poder dar sanamente, compasivamente. Cuando abrazamos nuestras imperfecciones, nos importan menos las imperfecciones ajenas también. 
  9. Adiós Buen Hogar. Coleccioné de joven unas revistas que se llamaban buen hogar. Y parecía que todo se iba a solucionar con unos cuantos consejos y buena voluntad. Hasta que me llegó la realidad. Solté muchas caricaturas mentales de que era yo la única que tenía que preocuparse del menú de la casa, por ejemplo. Aprendí a que un buen hogar lo llevan todos, entre todos. Con adultos responsables, un equipo. Cuando solté el pesado disfraz de señora Buen Hogar pude educarme en Coaching, en hipnosis, en más cursos profesionales, tiempo para mi. 
  10. El fin del promedio. Ahora el promedio es ser extraordinario. Cada vez elevan más los estándares, como si tuviéramos que aspirar a un nivel cada vez más roobot, más eficiente, más barato… Se que en coaching trabajamos para el alto desempeño. El alto desempeño, por lo menos lo que les muestro a mis clientes es que, es una medida personal, muy pero muy personal. Tu proceso es tan único como tú. Enfoca tu atención y tu energía en los pasos, uno a uno, que tú y nada más que tú darán en tu camino. 

Espero que este blog sea útil en tu vida. Yo aprendí a despojarme de Jennifercita  la pobrecita. 

Los hábitos de la pobreza están más alineados a cómo manejamos nuestro mundo interior, al fin y al cabo actuamos y reaccionamos en la medida de lo que hay dentro de nosotros. Por eso hay que darnos mucho, para sacar mucho también. 


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